BIENVENID@:

"NO TENGO VOZ PARA DECIRLO, POR ESO VENGO Y TE LO ESCRIBO" He creado este espacio para vomitar mis pensamientos (la mayor parte hablan de él/ellos...). También para recrear mis recuerdos de una manera más espectacular, más "artística", por así decirlo, y también menos cotidianos. "Mi pasado es una pintura sin terminar, y como el autor de esa pintura debo rellenar todos los hoyos horribles y hacerlos bellos de nuevo". Mother Monster.

miércoles, 1 de junio de 2011

Pensé que ya te habías marchado:


Pensé que ya te habías marchado de mi mente, que tu recuerdo había sido enterado en lo más oscuro e inhóspito de mi corazón, que me habías arrancado hasta la última esperanza para quemarla ante mis ojos. Pero esta mañana volví a sentirme corto de identidad… al parecer no he tenido suficiente.

Por un momento creí que ya no dolías más, que tu heterosexualidad ya había sido asimilada y no hería mis sentimientos, que podría vivir en el límite donde se terminan mis deseos y comienzan tus excentricidades.

A veces siento que esto es patético. Es patético enamorarse de alguien equivocado; enamorarse de un heterosexual. Dejarse llevar por la imaginación y malinterpretar las situaciones. Pero ¿Qué es más patético?:

1. Darse cuenta de que la persona de la que se está enamorada sabe como hacerte sentir mal y confundirte con sus actitudes y no hacer nada al respecto?.

2. Meterse a otro ser humano en la cabeza con características muy similares al que se quiere olvidar para no profundizar más.

Ya no sé que hacer conmigo, siento que mi vida es insignificante si él no me mira.

Cuando él desaparece, siento una especie de calma, porque cuando no lo veo no existen comentarios que ofendan mi sexualidad o mi físico; me siento contento con quien soy.

Pero cuando él se acerca, mi alma se oscurece poco a poco, porque siento envidia de ellas; de las chicas a las que ves pasar y ni siquiera respiras. Porque quisiera ser una de ellas cuando insinúas que soy una burla, porque mi cuerpo es el de un hombre y mi corazón a veces siente cosas que solamente las chicas pueden entender.

Porque te da asco ver a dos hombres besándose y me incitas a creer que estoy mal por ser quién soy, que debo pedir perdón por ser homosexual y por estar enamorado de ti.

Es gracioso a veces, porque siempre intentas acercarte para sentir el ego más grande y poder decir que eres tan guapo que hasta los hombres se enamoran de ti.

Aunque, creo que lo peor de todo es que si tu me lo pidieras, sería capaz de olvidarlo todo. Porque sé que detrás de todos estos sentimientos encontrados, esas noches llorando porque me haces sentir menos y por todas las cosas que hemos pasado; sé que hay un sentimiento fuerte de amistad de mi parte, porque deseo guardar esos buenos momentos que pasamos antes de que me enamorara de ti. Y antes de que cometiera el enorme error de decírtelo.

Abraham.

sábado, 23 de abril de 2011

LA ORACIÓN:



En la hora más profunda del infierno, cuando la oscuridad se apodere de todo, continuaré mi camino hacia tí; andaré entre las tinieblas hacia tu luz iridiscente, esa luz salvadora que calma mi desesperación.

Mientras camine hacia tu luz, he de soportar sin ninguna protesta cuando los demonios disfrazados de mis amigos escupan mi cara y blasfemen mi nombre, me obligarán a caminar sobre lenguas de fuego y quemarán mi cuerpo en una parrilla como los antiguos mártires que defendían su creencia religiosa. Y mientras pase aquel suplicio maldito, tu nombre aliviará cualquier tipo de dolor en mis pensamientos y habrá una sonrisa en mis labios; porque aquel calvario solamente hará que desee estar más a tu lado.

Arrancarán mis ojos con metales calientes para no poder verte, cortarán mi lengua para no poder pronunciar tu nombre y mutilarán mis tobillos para impedirme llegar a ti; cuando me arrastre con los dedos, me los arrancarán y se los darán a los cuervos. Pero llegaré, llegaré hasta ti para besar tu pureza con mi último suspiro.

En el último tramo del camino, los demonios golpearán mi cuerpo con sus trinches hasta destruirlo por completo, se reirán de mí con sus bocas llenas de colmillos y sus ojos amarillos. Pobres almas, no saben que lo único importante es el corazón que guardo en este estuche como un tesoro que he de entregarte.

Y así, cuando llegue a tu luz, me tomarás entre tus brazos y besarás mis labios mientras susurras mi nombre. Después, con solo movimiento de tu mano darás muerte a los que me hirieron, los enviarás a un hoyo debajo de la tierra, un lugar cercano al infierno donde sus pecados serán castigados.

Regresarás a mí y me pedirás que te entregue mi corazón, yo aceptaré gustoso mientras abres mi pecho y lo arrancas para comértelo aún palpitante.

Mi corazón, mi fuente de vida, de mi amor, de lo que de verdad siento por ti.

Y en un último gesto de compasión y amor, arreglarás mi cuerpo y sanarás mis heridas, me pondrás unos ojos nuevos y una nueva lengua que solo hable de ti. Viviré de tus sueños, beberé de tus manos cuando me mires con gesto amoroso, para emprender el éxodo juntos de la mano, hacia el lugar prometido, un paraíso para los dos. Un paraíso donde amarnos sea el único objetivo.

Así sea.

lunes, 18 de abril de 2011

SEBASTIAN:

La noche había pasado ante mis ojos, había intentado dormir dando más de mil vueltas a la cama, era 20 de Enero; hacía frío y nada podía mantenerme caliente. No existía absolutamente nada que llamara la atención en la casa de mis abuelos; una casa antigua situada en el bosque alrededor de la nada.

Al llegar el alba, me levanté de la cama para mirar por mi ventana; no había nada, solamente árboles por doquier, sombras casi oscuras y retorcidas que movían sus ramas con el murmullo del viento.

Fue entonces cuando entre aquella opaca espesura escuché un quejido, un sollozo masculino que provenía de los adentros del bosque. Al principio tuve miedo de averiguar que era, pero después pensé que tal vez alguien podía necesitar mi ayuda. Así que tomé un suéter y salí a buscar el origen de aquellos sollozos.

Mientras me adentraba en el bosque comencé a gritar: “¿Quién eres?, ¿En dónde estás?”, pero nadie contestaba, seguía escuchando gemidos.

Conforme me adentraba entre la maraña de árboles, pude escuchar con más claridad el origen de los gemidos, pero nada que hubiera visto antes en mi vida me había preparado para lo que encontré en aquel amanecer:

Era un muchacho de complexión atlética y cabellos rizados, estaba semidesnudo, una especie de calzoncillo de tela blanca con manchas de sangre era su única posesión, miraba hacia el cielo. Sus manos estaban amarradas al tronco de un gran árbol, titiritaba de frío y se quejaba de dolor; tenía flechas incrustadas en su pecho.

Me quedé sin respiración al ver a aquel muchacho en aquellas condiciones, de pronto me miró a los ojos y entendí que necesitaba mi ayuda. De inmediato corrí para desatarle las manos, él cayó de rodillas, me acerqué y lo miré:

- ¿Cómo te llamas?.

Él tardó un momento en controlar su respiración y luego contestó en un gemido:

- Soy Sebastián.

- No te encuentras bien, vamos, necesitas un médico ¿Quién te ha hecho esto?.

Cuando intenté ponerlo de pie él se resistió y me contestó:

- No, déjame aquí, me han hecho esto por defender mis creencias y mis pensamientos, déjame aquí.

- No, no puedo hacerlo, por favor ven conmigo, yo puedo curarte.

Lo levanté y esta vez el accedió, me quité el suéter para ponerlo en su espalda, él lo necesitaba más que yo.

Cuando llegamos a la casona, lo llevé a mi habitación y lo recosté en la cama, fui corriendo al baño por el botiquín para poder curarlo.

Sebastián seguía quejándose por el dolor que le causaban las flechas, eran tres: dos en su pecho y otra más en su pierna. Le advertí que retirarlas iba a ser doloroso, le dí una almohada para que la mordiera, pero él la puso a un lado y me dijo que resistiría. Traté de hacerlo lo más rápido posible.

Cuando retiré la primera flecha pude ver como su cuerpo se tensaba, pero no emitió ningún sonido, la sangre salió a borbotones, me apresuré a rociarla con alcohol y a coserla, él seguía con los ojos cerrados resistiendo el dolor. Las dos flechas restantes salieron fácilmente y no sangraron tanto como la primera. Después vendé las heridas, él abrió los ojos y me miró, eran de color verde. Me quedé junto a él y después de un rato tomó mi mano, sonrió y me dijo:

- Gracias por curarme, ni siquiera sé tu nombre ¿Cómo te llamas?.

- Me llamo Abraham.

- Abraham, quiere decir “Padre bondadoso”, “Padre amoroso”. Muchas gracias.

Siguió tomando mi mano y sonrió aún más, era un muchacho muy apuesto, sus ojos verdes como esmeraldas me contemplaban silenciosamente mientras yo también le sonreía.

- ¿Tienes hambre?, ¿Necesitas algo más?. Le pregunté.

- No Abraham, muchas gracias, creo que debo irme. Ya me siento mejor.

Un fuerte sentimiento de angustia recorrió mis venas, no podía dejar que se fuera, hacia mucho frio y podrían volver a herirlo. Definitivamente Sebastián no se iría, ya me las arreglaría con mis abuelos cuando saliera el sol por completo.

- No, Sebastián, no te vayas aún, duerme un poco, aun no amanece por completo. Además, pueden volver a hacerte daño. espera a que amanezca y veremos como ayudarte. Te lo prometo.

Sebastián seguía mirándome con su cara de ángel, se levantó sobre sus codos y me dijo:

- Eres la persona más compasiva que he conocido. ¿En verdad me dejarás quedarme? Ni siquiera me conoces. Puede que sea alguien que ha hecho algo malo.

- No creo que lo seas, no lo pareces. Duérmete, yo estaré en el sofá de la sala. Si necesitas algo avísame.

L e sonreí, y antes de darle completamente la espalda, el tiro de mi camisa para detenerme. Volteé a verlo y me dijo:

- No te vayas, duerme del otro lado de la cama, no me dejes solo. De verdad, necesito que me acompañes.

Sus ojos brillaron mientras me hablaba. No pude evitar el sentir tristeza por Sebastián. Era increíble que aun existieran personas que odiaran tanto y fueran capaces de herir a un ser humano.

Otro sentimiento se apodero de mi; un sentimiento de querer protegerlo, de cuidar de el mientras sanaba.

Me recosté a su lado, me dijo que pusiera mi cabeza en su pecho para poder abrazarme. Podía escuchar su respiración, el latido de su corazón, podía sentir su aroma, olía a flores silvestres. El compás de su respiración hizo que me diera sueño, lo último que ví fue su hermosa cara bajo sus rizos negros. Me quedé profundamente dormido.

Entre sueños, pude sentir como se desvanecía de mi lado, se despidió con un beso en los labios y acarició mi rostro, yo estaba muy cansado como para poder abrir los ojos.

Desperté cuando mi abuela tocó mi puerta, después de asomarse, caminó hacia mi cama. Yo me sentía mareado. Se quedó mirando mi cama, cuando dirigí mi vista hacia donde ella miraba, no entendía nada:

Sebastián ya no estaba, y en su lugar me había dejado una flecha con la punta dorada, un arco de madera y una corona de flores blancas. Todo lo que había sucedido me tenía muy aturdido.

Mi abuela tomó aquellos elementos y me dijo:

- Hoy es 20 de Enero, es día de San Sebastián, este arco, la flecha y la corona son su representación, debemos ir a la iglesia y dejárselas, son muy bonitas, apuesto a que pasaste toda la noche haciéndolas.

Yo me quedé en silencio mientras trataba de poner en orden aquellas ideas. Mi abuela me ordenó vestirme para ir a la iglesia para dejar como ofrenda aquellos elementos. Cuando llegamos al nicho dedicado a San Sebastián, no pude creer lo que ví:

Había una pintura de un joven de cabellos rizados y ojos verdes, de complexión atlética. Miraba hacía el cielo en un gesto de dolor y de pasión, tenía los labios entre abiertos como lanzando un gemido y tres flechas atravesaban su cuerpo; dos se encontraban en su pecho y una en su pierna. Mi abuela me sacó de aquella ensoñación con su voz:

- Este es San Sebastián, un mártir que murió por defender sus creencias y sus ideas, hay algunos que incluso se atreven a decir que es el patrono de los homosexuales.

Me quedé sin aliento al recordar lo que me había dicho Sebastián, que había muerto por defender sus creencias. Mi abuela caminó hacia el altar principal y yo me quedé mirando aquella pintura, comencé a llorar. Regresé a casa con aquellos ojos verdes y esa sonrisa angelical grabada en mi memoria. Como si todo hubiera sido un sueño. ¿En verdad lo fue?.

martes, 5 de abril de 2011

QUIERO UN DÍA...


Quiero un día soleado, un día en el que me levante y sienta menos pesar en mi corazón. Un día en el que mi sonrisa me haga sentir más liviano.

Un día en el que al abrir mis ojos, las paredes no estén manchadas con su nombre y su recuerdo no taladre mi mente desde el primer momento en que me despierte.

Quisiera un día en el que de verdad me crea a mí mismo cuando digo que él ya no me interesa, que ya lo superé y que me he recuperado, un día en el que no me hiera su silencio y no sienta celos de los que lo rodean.

Quisiera un día en el que me sienta bien conmigo y no anhelar su compañía, su sonrisa, su voz, sus manos o su boca.

Me gustaría dejar de ser su sombra y dejar de seguirlo en silencio.

Me gustaría decirle que lo amo y que lo necesito cerca de mí.

Me gustaría que se diera cuenta de lo mucho que me gusta y que daría hasta la vida por ocupar su corazón.

domingo, 27 de marzo de 2011

ODIO:

Me odio, por haber dejado que entraras a mi vida, por que fuiste el faro que iluminó mis noches más tenebrosas.

Me odio, por haberte dejado arrancar las telarañas de mi corazón, por ser la esperanza que me mantuvo con fuerzas en mis momentos más grises, el último bastión para defenderme de mis miedos.

Me odio por haberme refugiado en tus brazos, porque siempre fuiste el fuerte, el distante y a la vez, el que me entregaba todo.

Me odio, por hacerme adicto a tu nombre y a tu voz, a la que, estoy seguro, respondería si estuviese dormido o muerto. Aquella voz que hacía que mi alma regresara todas las mañanas para habitar mi cuerpo.

Me odio, porque sin ti no soy nada, soy un niño solo y con miedo, porque no sé vivir sin tus brazos; mis alas protectoras, sin tu voz que me arrullaba todas las noches y calmaba mis lágrimas.

Me odio, por dejar que fueras importante en mi existencia, por creerte cuando dijiste que estarías a mi lado en las noches de tormenta, ahora eres solamente una sombra vagando en la oscuridad de mis pensamientos mas violentos.

Tal vez naci únicamente para temer que te vayas, o tal vez yo pedí que tú existieras para que te tomaras la osadía de hacerme temer perderte. De ser de este modo, hubiera preferido no nacer, o siendo más egoísta, hubiera preferido que no existieras, nunca haberte conocido. O existir en mundos y tiempos diferentes para nunca conocer la desesperación, la asfixia del miedo y el odio de los celos.

Porque si no te hubiera conocido, no existirían esas noches en las que sentado al borde de mi cama y con las manos callando mis sollozos, pregunté porqué existías. Noches en las que entre sollozos pronunciaba tu nombre y hundía mi cara en mis manos buscando algún indicio de tu aroma. Noches en las que caminaba sin rumbo alguno buscando tu mirada… o algún rastro de ti.

domingo, 20 de marzo de 2011

Cada vez que él me llama:


El tiempo transcurre lentamente, con el asfixiante movimiento rutinario de las manecillas del reloj, mientras yo espero sentado deseando que algo suceda.

Porque cuando él me llama, el corazón se me congela y huyo atemorizado, le temo a la adversidad, le temo al caos. Le temo a todo lo que no conozco.

Cuando me siento tentado a hacer las cosas, a acercarme y sentir su abrazo tibio, simplemente me alejo, evito con temblores de emoción las cosas que realmente quiero y deseo.

Cada vez que me acerco a ti solo pienso en que quiero ser tuyo, que tu respiración inunde mi pecho y que tus labios susurren mi nombre. Y discuto con mis seres internos, porque siempre termino dejándote en libertad, sin decirte lo que realmente siento. Porque creo que es astuto no dejarte saber cuánto daría por estar contigo, porque no me atrevo a amarte realmente ni a ofrecerte mi vida a cambio de que me mires, a cambio de sentirme seguro en tus brazos y de ver la noche estrellada en tus ojos.

Me lamento en silencio cuando te veo pasar, porque sé que lo que tú sientes es completamente diferente, y construyo historias estúpidas en mi cabeza en las que no evito lo que siento y te lo digo, y te hago saber lo mucho que sufrí al esconder mis sentimientos.

Por eso es que me gusta dejar a un lado mis sentimientos y llenar los vacios con libros y helado. Vivir la vida austeramente sin apostar por lo seguro.

Y seguir así, sin que nada me importe realmente. Cada vez que él me llama.

lunes, 14 de marzo de 2011

CRIATURAS DE LA NOCHE:


“Escondidos como

dos criaturas nocturnas.

Enigmático amor

para los de cabeza dura.

Dos sombras aferradas

en un grito silencioso,

que a la verdad difumina,

necesitados de expresar

un sentimiento embriagante

pero sometidos a callar”.


La noche vuelve a caer sobre el lago, la bruma inunda con suave melancolía el lugar; el pequeño bosque en donde los amantes han de juntarse para descifrar una vez más el significado de aquel beso suave que, bajo el crepúsculo es incierto saber.

Caminando lenta y sigilosamente, como criaturas nocturnas, se buscan con la mirada y cuando se acercan sellan sus bocas en un grito silencioso que tiene la necesidad de ser escuchado, pero que ambos se ven obligados a callar.

Sus sombras, como su amor, se difuminan entre la espesura de aquel bosque mientras se embriagan con el sonido de sus voces, las caricias de sus manos y sus pasionales miradas.

Se prometen amor eterno bajo la luz de la luna y se toman de las manos para saber que se tienen el uno al otro, que ya vendrán tiempos mejores, que algún día nadie los ha de mirar con odio. Son dos seres iguales entre sí, sus corazones y cada una de sus terminaciones nerviosas están llenas con pequeños destellos de amor puro.

Abrazados y bajo la sombra de un ciprés miran el alba aparecer. El tiempo se les ha terminado, las criaturas deben marcharse, por que no deben ser vistas, por que permanecer juntos ante la luz del día los convierte en objeto de burla y de deshonra para algunos.

La luz del sol comienza a salir, y antes de que esa luz ilumine sus rostros, deben desaparecer. La despedida es inevitable, y al mismo tiempo dolorosa. Se marchan refugiándose en las sombras que aún sobreviven al amanecer, con la promesa de volver a verse.

Habrá que esperar que las sombras del anochecer los cubra con su manto de misterio, que la luna sea testigo del amor que se profesan. Serán como búhos en la oscuridad, velando por los deseos del otro. Por siempre, hasta que alguien los descubra.